domingo, 24 de enero de 2010

23 días de enero

No ha habido sosiego en los primeros 23 días de 2010 para Venezuela. Tampoco los hubo en los primeros 23 días de 1958.
Más allá del desespero que nos puede generar a los venezolanos los atropellos que del actual régimen de Hugo Chávez, pareciera que algunos factores importantes se están sumando para desatar una crisis importante en los cimientos de la mal llamada revolución. Analizarlos recordando el nacimiento de la democracia, puede ayudarnos a comprender y actuar.

El derrocamiento de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez se concretó el 23 de enero de 1958, luego de que una serie de factores confluyeran para que se desmoronaran las bases de un régimen violador de las libertades ciudadanas.
- La crisis militar resultante de la división entre los componentes de la Fuerza Armada Nacional y la insurrección de varios oficiales de la Fuerza Aérea de Maracay, el 1º de enero de 1958, liderada por el coronel Hugo Trejo.
- Una acentuada crisis política en que se generó entre los miembros del gobierno luego de las abismales divisiones que dejó el plesbicito de diciembre de 1957. Este hecho hizo que Pérez Jiménez realizara cambios en el gabinete y que dos de sus hombres más cercanos –Laureano Vallenilla, ministro del interior, y Pedro Estrada, jefe de la policía de la Seguridad Nacional– salieran del país.
- La publicación de manifiestos en contra del gobierno (considerando que hasta entonces la libertad de expresión era un chiste y las represalias eran abundantes) de diferentes instituciones nacionales (la prensa, gremios profesionales, la banca, sindicatos, etc.) lo cual condujo a la huelga general, del 21 de enero, movilizada por la Junta Patriótica.
- Es destacable que una de las chispas que sumaron a este movimiento la había iniciado la Iglesia Católica, cuando tomó partido e hizo que se leyera en todos los púlpitos el manifiesto "Pastoral con motivos de la fiesta de San José Obrero", el 1º de mayo de 1957, en el cual se criticaba la situación social del país.

Todo esto sucedió hace 52 años. Sin embargo, la experiencia vivida puede darnos claves para la acción hoy día.
- La crisis económica que se ha generado, luego de la crisis mundial, por la nefasta política que ha impulsado el gobierno, más orientada a la búsqueda de mantenimiento en el poder del dictador que al desarrollo del país. Entre las consecuencias están el anuncio de la devaluación de 50% de la moneda, que recorta en igual proporción el poder adquisitivo de los venezolanos, le otorga más recursos al gobierno para financiar su constante campaña, lo cual incrementará el gasto público y la indetenible inflación. En este renglón se suman las cada vez más frecuentes expropiaciones del gobierno a empresas privadas, que han hecho un Estado de dimensiones incomesurables y extrañadamente ineficiente; y las intervenciones a una cantidad de bancos propiedad de inescrupulosos “boliburgueses”, que se hicieron de pingües ganancias por el manejo corrupto de los abundantes recursos del Estado.

- La crisis de servicios. Un factor novedoso si se compara con el régimen de Pérez Jiménez, al que más bien se le alabó por su tinte “progresista” que resultó en la “revolución del concreto”: el gobierno que ha tenido más obras en la historia. La crisis de servicios tiene que ver con la desinversión sostenida en los servicios básicos (agua, teléfono y luz, especialmente este último) que ha puesto en jaque la sustentabilidad de las empresas prestadoras de servicio (que cayeron en manos del gobierno por las expropiaciones) y de la calidad de vida básica de los venezolanos, con racionamientos programados o no y la automática generación de un rechazo de todos los sectores del país.

- La proximidad de las elecciones de diputados para la Asamblea Nacional, programada para septiembre de 2010, augura una segura pérdida de poder dentro de esta institución para el actual partido oficial. Esto podría generar un cisma de magnitudes importantes entre las filas del chavismo, sobre todo entre aquellos cuyas aspiraciones de poder a corto plazo puedan contrastar con la necesidad de, paradójicamente, mantener el estatus quo, de Hugo Chávez. De acuerdo a cómo se capitalice en estos meses el descontento derivado de los factores anteriores dependerá la obtención para el gobierno o la oposición de la mayoría parlamentaria.

- El cierre de medios de comunicación (canales de televisión y emisoras de radio) con líneas editoriales adversas al gobierno.

- El sostenido liderazgo que ha evidenciado el movimiento estudiantil que, luego de despertar en 2007, ha ido capitalizando la protesta creativa, valiente y eficaz, con la consecuente obtención de pequeñas, pero enfocadas e importantes, victorias.

Sin embargo, hay tres elementos que parecieran faltar para cerrar un círculo similar al de enero de 1958.
- La unión de los partidos (y lógicamente con el incremento real de su militancia) pareciera no terminar de consolidarse. Esfuerzos como la “Mesa de la Unidad”, no cuentan con la suficiente vigorosidad como para liderar una oposición más contundente. Tampoco hay una propuesta evidente que le proporcione seguridad a los ciudadanos indecisos como para terminar de brindar el apoyo.

- El manifiesto público de rechazo por parte de figuras importantes del empresariado (no los representantes de las cámaras que han perdido mucha credibilidad pública) a un régimen amenazante y violador de los derechos básicos como a la propiedad privada y libre ejercicio de la actividad económica.

- Un movimiento sindical unido. El chavismo infiltró los movimientos sindicales y esta pugna terminó de debilitar a este sector, aun cuando algunos de los que pertenecen a las empresas expropiadas han comenzado a reaccionar por no obtener los beneficios esperados.

- El manifiesto contundente de instituciones de alta credibilidad e impacto como la Iglesia Católica; que si bien ha hecho pronunciamientos puntuales acerca de violaciones a derechos humanos, no ha establecido acciones más trascendentales como en otrora.

- Por último, el asunto militar. La caja negra de la Fuerza Armada Nacional se terminó de sellar luego de los alzamientos de 2002 a punta de la depuración sostenida y quirúrgica del alto mando, los groseros privilegios económicos, un bombardeo ideológico en las formaciones, y la intervención de la inteligencia cubana para detectar y alertar acerca de cualquier tipo de disidencia.

Mucho camino falta, aunque el norte parece claro para la mayoría por la cantidad de lecciones aprendidas: luchar por que se den las elecciones de septiembre con masiva participación y por la unidad de los partidos son las acciones más importantes para salir de los abusos del actual régimen.

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